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2 Mayo, 2017

Cambiar o morir. La industria financiera en crisis frente a la evolución digital.


Desde sus inicios la tecnología cambió el mundo de los negocios radicalmente. La industria financiera no es la excepción. La tecnología está revolucionando la forma en que se consumen, producen y distribuyen los productos y servicios financieros. Las denominadas “Fintech”, que básicamente son empresas que ofrecen productos y servicios financieros por medio de tecnología e innovación digital, han sido la plataforma de disrupción en la industria financiera. Los bancos, compañías de seguros e instituciones financieras se han visto obligadas a replantear su forma de operar para adaptarse a una nueva era. El riesgo a ser desplazadas es sumamente alto si no adoptan una mentalidad distinta.

Son muchas las iniciativas alrededor de Fintech. Desde gigantes como Google, Apple, Amazon, Facebook o Alibaba, que han identificado a este sector como clave en su ecuación de negocios, a emprendimientos que operan en mercados específicos, como pagos (Square, Alipay), inversiones (Numteg), préstamos (Kabbage) y análisis de riesgos (AlgoDynamix), que son parte del ecosistema de esa industria.

Citigroup publicó un informe que detallaba que la inversión privada en el sector de Fintech entre 2013 y 2016 tuvo un crecimiento gigante. En el año 2016 alcanzó una cifra de casi 30 billones de dólares, 16 mil millones más que en el 2013. Así mismo CNBC en un reportaje reciente, mencionó que en 2017 Fintech ya arrebató en Estados Unidos de América un 1% de los ingresos de la banca tradicional y estima que para 2023 puede llegar a un 23%.

Algunos de los grandes conglomerados del sector tradicional de las finanzas, han entendido la importancia de integrar nuevas tecnologías a sus operaciones. Como no siempre podrán generar esos procesos de innovación dentro de sus organizaciones, su misión es identificar empresas Fintech que tengan una propuesta de valor distintiva, y que puedan ser integradas a su negocio, para generar más valor a sus clientes y apalancar su proceso de innovación en distintos espacios de sus industrias. Están claros que si no adoptan esta actitud, pueden ir perdiendo mercado paulatinamente ante emprendimientos innovadores y disruptivos.

Las empresas medianas o pequeñas vinculadas al sector tradicional de la industria financiera, tienen que asimilar que es esencial para su supervivencia el buscar colaborar con iniciativas Fintech. Es común escuchar el temor de dar este paso por riesgos en temas legales, operacionales, comerciales entre otros, pero la realidad es que el integrarse con esta nueva ola tecnológica podrá ayudarles a mejorar su oferta de servicios notablemente y también a ser más eficientes operativamente. Mientras más tiempo les tome tomar la decisión, más comprometido estará el futuro de su negocio.

América Latina es un mercado con un gran potencial para el Fintech. La gran mayoría de países tienen altos porcentajes de personas que no están activas en el sector bancario (no bancarizadas) o que simplemente no son atendidas adecuadamente por los bancos que operan en esos territorios. Adicionalmente el hecho que América Latina tiene una altísima penetración de smartphones, genera un campo de acción inmenso para las iniciativas alrededor de Fintech. México es el país donde se percibe un mayor desarrollo de esta industria, seguido por Brasil, Colombia y Chile. Un dato interesante provisto por LAVCA (Asociación Latinoamericana de Capital de Riesgo), es que el sector Fintech atrajo el 40% del total invertido por fondos de capital privado en tecnologías de información y telecomunicaciones durante el primer semestre del 2016, cuando en el mismo período del 2015 sólo fue de 15%. Esto habla del interés que tienen los inversionistas en la industria y el potencial que han identificado en el mismo.

Las empresas financieras que no estén dispuestas a adoptar esta nueva visión alrededor de la evolución digital, corren el riesgo de desaparecer. No solo que existirán nuevos modelos de Fintech que serán disruptivos e impactarán en sus negocios, sino que también deberán lidiar con situaciones más radicales y complejas, como la aparición de robots dotados de inteligencia artificial o complejos algoritmos que facilitarán la interacción con los consumidores. En definitiva, la clave es cambiar o morir.

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